jueves, 24 de junio de 2010

Los milenaristas de la pelota

Hace tiempo, mucho, incluso creo que yo no había nacido, hubo en el mundo una corriente de pensamiento, una secta, una moda, una idea dominante, un algo así, llamalo hache, como decía un compañero de facultad, que sostenía que llegado el año 1.000, se terminaba. ¿Qué se terminaba? La vida en la Tierra, la comida, la luz solar, las ganas de reproducirse, no sé, todo. En realidad, tampoco se sabe bien si el año 1000 lo era realmente, con todo esto de que si se cuenta de antes, o de después, o de antes de Cristo (¿Él qué diría -Cristo, me refiero- estamos en el año 24 después de Yo?¿En Navidad, la familia, qué ponía en lugar del pesebre? ¿Una cuna vacía y una carta a París -Lutetia por entonces-?)o de luego de, o del año de los judíos, que ya iban adelantados, o de los chinos, que seguro para esa época ya eran demasiados. La cosa es que un grupo de inadaptados, como dicen los noticieros, se lo creyó, y salieron a los caminos a proclamar que se venía el fin del mundo, con lo cual se aprovecharon para arrasar con cuanto pueblo se les cruzaba... totallllll... Y lo mismo pasó, eso sí, con los atenuantes del caso, cuando nos llegó el tan temido año 2.000. Claro, la interné, el cable, la luz eléctrica, el gas, la penicilina, el microchip y otros adelantos nos hicieron creer que nadie sería tan estúpido para terminar con un negocio tan rentable como tenernos ahí, tercera roca desde el Sol, a fin de seguir registrando en cuánto tiempo nos eliminamos solitos.
Todo esto para anunciarles que en esta parte del planeta, mis queridos, sucede algo parecido, con una ominosa periodicidad: cada cuatro años llega el Campeonato Mundial de Fútbol, y agarrate Catalina que ahí sí se pudre todo.
No me detendré demasiado en el ya remanido tópico de lo conocedoras de fútbol que nos volvemos las mujeres en esta época. Es como si algún mandato secreto, casi hormonal, nos indicara que si no apreciamos cuán bien ataja Romero, qué inteligente la estrategia de Maradona o cuánto lo marcan a Messi, los machos de la especie no querrán aparearse con nosotras, con lo cual estaríamos como los del año mil: en el horno. De ese tema ya se han encargado revistas femeninas, masculinas, diarios unisex, noticieros, agencias de publicidad y panelistas varios.
A mí lo que me fascina es esa foto congelada en que se convierte la ciudad en el momento del partido. Salgo a propósito, de puro renegada, a observar cómo hasta las palomas de los cafés, que día a día se posan con fingida inocencia sobre la mesa para robarnos descaradamente los maníes del copetín, están con el piquito contra la vidriera observando la pantalla gigante del lugar en cuestión, que ya no es un café sino un nido de directores técnicos en potencia, de desaforados en ciernes, de estáticos turistas asustados. Serios profesionales de trajes Armani y attachés Vuitton, se convierten en bufones blanquicelestes, con esos ridículos gorros de cuatro puntas y una camiseta brillosa y llena de publicidades cubriendo la corbata, lo que, sumado a una expresión mezcla de embrutecimiento y concentración, nos hace temer de si realmente la sucesión del abuelo o el blanqueo de capitales están en buenas manos. ¡¡¡¡Taxi!!!!! ¿Qué te pasa, loca? ¡No me digas que querés conseguir taxi justo cuando se está jugando!Contenete las contracciones, pegate el dedo que se te acaba de salir con cinta de embalar, ponete un corcho ya sabés dónde (donde sea) pero ni se te ocurra acudir a una guardia hospitalaria en ESE sagrado momento, no sea cosa de que de puro odio te amputen el miembro contrario.
No es para tanto, tampoco. Tiene su coté agradable. Gente que normalmente no se juntaría ni en un naufragio, se une en una pasión común. Y así vemos al que vende esos sospechosos hot dogs en la vereda y al dueño de la financiera abrazados en un grito de gol, o al explotador y al explotado mancomunados en la misma puteada al árbitro, que como seguramente es de Transilvania, porque para conseguir uno neutral ya no saben dónde irse, ni la va a entender. Eso sí, la mayoría de las mujeres tenemos la palabra prohibida, aunque si supieran valorar algo nuestros irremplazables machos argentinos, entenderían que es más importante apreciar los labios carnosos de Samaras el de Grecia que la lesión de Samuel, o mirar el nuevo peinado de Heinze que celebrar su jugada.
Chicas, aguantemos, de última es menos de un mes, calculando que estemos hasta el final, porque es tabú absoluto imaginar otra posibilidad. Hagamos lo nuestro. Convirtamos el hecho de hacer el amor furiosa y diariamente en una cábala infalible, pagar nuestras compras desorbitadas en un bendito recreo de nuestros absurdos comentarios, la ausencia de comidas caseras en la posibilidad de compartir un asado con los otros energúmenos que sí saben qué cosa es el área chica. Celebremos que no hay que llevar a los chicos al colegio porque aunque insistiéramos, no irían, y total en el colegio tampoco hay nadie, salvo que hayan habilitado el gimnasio como estadio a distancia. Ni hacer trámites, ya que los vencimientos se han corrido tácitamente hacia una fecha razonable y sin césped sintético.
Y seamos justas. Ellos también nos toleran algunas cosillas. En definitiva, el Mundial es cada cuatro años... ¡mientras que la regla es cada 28 días!

2 comentarios:

  1. Cartita de Almodóvar un poco antes de la votacion.

    http://conexaobuenosaires.wordpress.com/2010/07/15/a-boa-educacion-de-almodovar/

    Y , no escribís más?

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